DEFORMIDADES SENCILLAS DE LOS PIES. ORTESICA DEL MIEMBRO INFERIOR.

DEFORMIDADES SENCILLAS DE LOS PIES. ORTESICA DEL MIEMBRO INFERIOR.

Un poco de conocimiento no viene mal. Hoy conoceremos las deformidades de los pies, sus causas y soluciones.
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Las deformidades del pie y del tobillo pueden ser debidas a malforma­ción congénita, traumatismo, desequilibrio muscular, o debilidad de los elementos estructurales a causa de una enfermedad.

Los estados iniciales de  una deformidad se caracterizan usualmente por una mayor tensión de los ligamentos y los músculos, mientras estos te­jidos intentan mantener la mejor alineación dinámica que permiten las cir­cunstancias. Mientras el pie permanezca flexible, las fuerzas externas pro­porcionadas por ortesis y correcciones del calzado pueden ayudar a restau­rar y mantener los elementos estructurales en una buena alineación o, por lo menos, impedir la progresión de la deformidad. Si la deformidad es fija, entonces las contrafuerzas aplicadas por un aparato ortésico o por el zapa­to pueden ayudar a obtener una óptima distribución del peso por el pie, pero puede ser incapaz de realinear las estructuras.

Aunque  una  articulación  determinada puede ser el asiento  inicial de la afección mecánica patológica, casi invariablemente se afectan también otras   articulaciones, debido a  la compleja  disposición articular del pie y del tobillo. Cuando una  articulación se descoloca, normalmente tienen lugar  ajustes  compensatorios en las  demás articulaciones. Esto es cierto sobre todo por lo que se refiere a la mutua relación existente entre las partes posterior y anterior del pie.

Es útil para los fines de nuestro análisis considerar primero ciertos modelos básicos de deformidad que pueden existir por separado, aunque es más frecuente verlos formando combinaciones diversas. Los elementos de de­formidad que vamos a considerar son:

  1. Pie equino.
  2. Pie talo.
  3. Pie valgo.
  4. Pie varo.
  5. Pie cavo.

Pie equino

Cuando existe una deformidad en equino, el pie adopta una posición de flexión plantar. La deformidad se produce por la acción de fuerzas desequilibradas en torno a la articulación  del  tobillo.  Durante  el  desarro­llo de la deformidad, el momento de fuerza que tiende a producir la  rota­ción  del  tobillo en dirección a la flexión plantar, suele ser mayor que el par de torsión opuesto a esta flexión plantar.

Las fuerzas pueden desequilibrarse  porque  los  músculos  dorsiflexores sean débiles. O  bien  los  dorsiflexores pueden  tener  la  fuerza  normal,  pero las contrafuerzas ejercidas por los músculos de la pantorrilla y los teji­dos blandos  de  la  parte  posterior  de  la  pierna  ser  mayores  de  lo normal. Por ejemplo, un paciente puede andar de puntillas para compensar una  extre­midad inferior acortada. Inicialmente la posición  en  equino  sería  mantenida por  la  contracción  activa  del  sóleo  y  los  gemelos,  pero  al  desarrollarse la deformidad, sería cada vez más necesaria la contracción del tendón  de Aquiles y de otros tejidos blandos.  Cicatrices  o  heridas  en  la  parte  pos­terior de la pierna que  produzcan  retracción  de  los  tejidos  de  la  zona, pueden ser la causa de que el pie se vea arrastrado a una posición de equino.

La posición en equino cambia considerablemente la distribución del peso en el pie. Las cabezas de los metatarsianos se ven sometidas a una presión mayor de lo normal. Cuando se descarga el peso crónicamente sobre un pie equino, la afección mecánica patológica  puede afectar no sólo al pie y al tobillo, sino también a la articulación de la rodilla, dado que la reacción del suelo pasa a una distancia mayor de lo normal por delante de la articulación de la rodilla durante parte de la fase de apoyo, y tien­de a forzar a la rodilla a una posición de genu recurvatum.

En algunos casos, sólo se necesita una pequeña ayuda para restaurar el equilibrio dinámico de los momentos de fuerza de dorsiflexión-flexión plantar. Esto puede conseguirse frecuentemente mediante un dispositivo de resorte colocado en un aparato ortésico. Este principio esta ilustrado en las figuras 14 y 15. En la figura 14, el momento de fuerza generado por los dorsiflexores es insuficiente para impedir que el pie caiga en equino. En la figura 15, se ha colocado un resorte, y su acción contribuye a com­pensar el déficit dorsiflexor.

ORTESICA MIEMBRO INFERIOR ORTOPEDIA HORTA 5

Dorsiflexores  Flexores plantares

En otros casos, un resorte no es lo suficientemente fuerte para este trabajo, y se coloca un tope en el aparato para limitar o impedir la flexión plantar. El efecto mecánico del tope es similar al obtenido median­te artrodesis quirúrgica en la deformidad en equino.

Pie talo

Cuando existe esta deformidad, los  dedos se hallan elevados, y la mayor parte del peso recae sobre el talón. Las fuerzas actuantes en torno  a la articulación del tobillo se hallan desequilibradas, casi siempre debi­do a parálisis de los músculos de la pantorrilla. La mecánica patológica correspondiente y la asistencia mecánica que puede proporcionarse, serán explicadas en la sección que trata de los efectos específicos de la debili­dad o la parálisis del tríceps sural (sóleo y gemelos).

Pie valgo

ORTESICA MIEMBRO INFERIOR ORTOPEDIA HORTA 3Cuando existe esta  deformidad, la planta del pie mira hacia afuera  y el paciente anda sobre el borde interno del pie. La mecánica patológica de esta afección consiste en momentos de fuerza desequilibrados que rotan la parte posterior del pie.

Cuñas en el calzado pueden contribuir a proporcionar una contrafuerza a la porción plantar medial del pie, como se representa en la figura 16. Aplicando una fuerza en la direc­ción indicada por la flecha en la figura 17, mediante un aparato ortesico, a través de una correa, se puede mantener la alineación  de la pierna y el pie. Esto ayuda   a evitar la progresión de la deformidad.

Pie varo

Cuando existe esta deformidad, la planta mira hacia adentro y el paciente anda sobre el borde exter­no del pie. Fuerzas desequilibradas rotan el pie alrededor del eje sub­astragalino, hacia adducción y suplanación.ORTESICA MIEMBRO INFERIOR ORTOPEDIA HORTA 2

Cuando un aparato ortésico proporciona una contrafuerza en la di­rección indicada por la flecha en la figura 18, ayuda a mantener una mejor alineación y a reducir la tensión en las estructuras del pie. Esta fuerza suele aplicarse  mediante una correa. Las  correcciones del Pie derecho calzado que ejercen una contrafuerza en la porción plantar lateral del za­pato, ayudan también a resistir a la progresión de la deformidad.

Pie cavo

La deformidad en cavo se caracteriza por la elevación excesiva del arco longitudinal.

La alteración mecánica patológica consiste esencialmente, en que los músculos y la fascia de la cara plantar del pie ejercen una fuerza mayor de lo normal, como resultado de una retracción tendinosa y de la fascia.

Cuando la retracción de los tejidos blandos lleva al pie a una posi­ción en cavo, se instaura un círculo vicioso. Al desarrollarse la posición en cavo, el aumento de angulación del dorso del pie hace que aumente la distancia  entre el origen y la inserción de los extensores de los dedos. A causa de esto, los tendones extensores colocan a los dedos en una posi­ción de hiperextensión a nivel de las articulaciones metatarsofalángicas. La dorsiflexión de los dedos  en estas articulaciones aumenta la tensión  en la aponeurosis plantar, merced a un mecanismo de torno, aumentando aún más la deformidad en cavo, continuándose el círculo vicioso.

La mecánica del mecanismo de torno se explica mediante la ilustración de la figura 19.

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Pueden usarse modificaciones del calzado para proporcionar asis­tencia mecánica al pie cavo. Un so­porte del arco longitudinal ayuda a distribuir el peso sobre una super­ficie mayor del pie, reduciendo la presión en las cabezas de los meta­tarsianos. Una barra o una almohadilla metatarsiana puede ayudar a re­ducir las fuerzas que tienden a dorsiflexionar los dedos a nivel de las articulaciones metatarsofalángeicas al andar. Cuando se trate de una deformidad rígida, se puede aumentar ligeramente la altura del tacón para mejorar la distribución relativa del peso entre las cabezas de los metatarsianos y el talón.

Extraído de: Ortesica del Miembro Inferior. Mecánica patológica del tobillo y del pie.

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